¿Qué ocurre cuando un autónomo es dependiente?

¿Qué ocurre cuando un autónomo es dependiente?

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No todo el mundo tiene claro del todo lo que significa ser un autónomo dependiente. Básicamente, podremos considerar que un empresario individual se encuentra en esta situación, cuando el 75% de sus ingresos (o más) provienen de un único cliente. Se da la circunstancia, por tanto, de que este trabajador estará a medio camino entre uno por cuenta propia y otro por cuenta ajena.

Como podrás imaginar, esta especial situación laboral contará con ciertos beneficios e inconvenientes que debemos conocer para poder sacar el máximo partido. Ten en cuenta que según el Estatuto del Trabajo Autónomo, el “autónomo dependiente” tendrá una serie de ventajas siempre y cuando cumpla con ciertas condiciones establecidas.

Lo primero que tienes que tener claro es que ser un empresario individual y encontrarse en una situación de este tipo, no es nada raro. De hecho, se estima que más de la mitad de los freelance y autónomos han sido dependientes en algún momento de su carrera laboral.

Según la mayoría de las personas que se han encontrado en esta situación, se trata de una opción con ventajas y desventajas que hay que tener muy en cuenta. Entre los beneficios más claros tenemos el seguro de desempleo, muy útil en el caso de que tenga lugar un cese de la actividad.

Pero, además, si nos enfrentamos a una situación de dependencia de un único cliente, tenemos que tener presente que existirá un derecho a nuestro favor por el cual recibiremos una indemnización en caso de que esta actividad se rescindida. La cuantía total de la cantidad debe definirse de una forma previa durante la redacción del contrato.

Para terminar, entre las ventajas más significativas de un autónomo dependiente, nos encontramos con que podremos disfrutar de 18 días de vacaciones, tener un descuento en los pagos a la Seguridad Social siempre que seamos menores de 30 años y disponer de un permiso de maternidad que, en ningún caso, será inferior a 180 días.

Lógicamente, todos estos derechos tienen una contraprestación en forma de obligaciones. Una de las más importantes es no tener a ningún trabajador a nuestro cargo. Del mismo modo, tampoco podremos subcontratar ninguna parte de la actividad que estamos llevando a cabo.

Además, debemos contar con una infraestructura productiva propia. ¿A qué se refiere esto? Simplemente a una oficina, materiales y elementos necesarios para el buen hacer de nuestra actividad profesional.

Por último, en la relación con el cliente, tendremos que saber que éste no estará obligado a pagar las cuotas de la Seguridad Social, ni tampoco indemnizarlo en el caso de que cesen las relaciones profesionales que los unían.

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