Crecimiento crematístico ayer del PIB | 2022


Hoy el Producto Interno Bruto se presenta como el rey de los indicadores económicos. Sin confiscación, ¿cómo sabía un país si estaba creciendo ayer de que el economista Simon Kuznets creara el PIB?

El PIB, como indicador crematístico estandarizado, permite tener una idea de la transformación de la actividad económica de un país y adicionalmente permite realizar comparaciones entre distintas naciones.

Es cierto que, como apuntábamos en nuestro artículo “PIB: un indicador con muchos límites”, este registrador tiene muchas lagunas. Entre otras cosas, podemos destacar que el crecimiento se mide nada más por el aumento de la producción, pero no tiene en cuenta la calidad de la producción ni la forma en que se distribuye la riqueza.

En cualquier caso, lo cierto es que, al investigar los hechos económicos ayer del PIB, los historiadores y economistas encuentran algunas dificultades. Y es que los indicadores económicos modernos no comenzaron a utilizarse hasta las décadas de 1930 y 1940. A partir de entonces, los organismos públicos oficiales comenzaron a resumir sus estadísticas económicas.

Sin confiscación, cerca de preguntarse qué referencias se han utilizado para calibrar el buen o mal desempeño de la bienes. Comencemos retrocediendo en el tiempo a una civilización fascinante como el Antiguo Egipto.

El Nilo como indicador crematístico

No hay duda de que el Nilo fue el eje central de la bienes del Antiguo Egipto. Un flujo constante y constante aseguró la producción agrícola, el suministro de alimentos y el comercio. De hecho, los egipcios analizaron cuidadosamente los niveles de agua del río Nilo.

En ese momento, los egipcios vieron el poderoso Nilo como un regalo de los dioses. Así, la población trabajaba duro y hacía ofrendas a los dioses.

No se limitaron solo a las ofrendas religiosas, sino que lograron emplear el momento que atravesaba la bienes gracias a los llamados “nilómetros”.

De esta forma sacerdotes y faraones, gracias al investigación detallado del caudal del Nilo, enviaban mensajes en una determinada dirección a la población.

Pero, ¿qué es un nilómetro? El nilómetro era la medida de relato en el río Nilo, para ello se excavaban pozos escalonados que permitían calibrar el caudal del río.

Gracias a esto fue posible predecir si Egipto enfrentaría un período de crisis y hambruna o si atravesaría un período de prosperidad y cantidad de alimentos. En almohadilla a estas mediciones se determinaban los impuestos que se establecerían o la producción que proporcionarían los cultivos. La dirección y estructura de las obras igualmente se determinó en función de los niveles de agua.

Para ello se crearon nometros como el de El Cairo, Elefantina en Asuán y el Kombo Ombo.

Frente a la subida del nivel del agua del Nilo, los egipcios tenían paredes de granito para retener el preciado fluido en los campos. Es cierto que el agua acababa evaporándose, pero esta habilidad permitía cultivar la tierra.

Sin confiscación, un veterano caudal no siempre ha sido correspondiente de prosperidad económica y social. Es posible que el agua no llegue a los tramos más lejanos del río o que una inundación se lleve las casas. Por esta razón, se construyeron presas para controlar el flujo de agua.

Los orígenes de las cuentas nacionales

Gracias a los viajes de Ámbito Polo a Oriente, las rutas comerciales experimentaron un gran incremento. Así nació la contabilidad y el método de partida doble en Italia. De esta forma, se evitaba el fraude, se registraba el movimiento de los flujos comerciales y el bandada podía cultivar cierto control sobre su negocio.

El colonialismo, desarrollado por los grandes imperios de ultramar como España, Inglaterra y Francia, incrementó considerablemente el comercio. El comercio fluyó entre las metrópolis y sus colonias.

Se hizo imprescindible desarrollar cuentas nacionales que permitieran calibrar el incremento crematístico, los flujos de transacciones y la transformación demográfica.

Era el siglo XVII e Inglaterra estaba en hostilidades con Holanda. Avalar la hostilidades requería importantes bienes e Inglaterra tenía que enterarse de qué medios disponía y si era posible subir los impuestos. Fue entonces cuando el economista inglés William Petty comenzó a desarrollar métodos para calcular el tamaño de la población, los gastos y los ingresos, así como la tierra acondicionado.

De hecho, Petty pudo implementar un sistema de contabilidad de doble entrada en el que se recopilaban los registros nacionales del país. Gracias a las técnicas de Petty, Inglaterra pudo calcular el aumento necesario de la producción o su capacidad para cobrar impuestos. Por el contrario, Francia, la gran potencia rival de Inglaterra, no contaba con dicho sistema de registro.

A pesar del incremento de las primeras técnicas de contabilidad doméstico, estos registros eran todavía demasiado primitivos y no comparables internacionalmente. Todo, por lo tanto, se limitaba a la cantidad que el Estado debía desembolsar y lo que quedaba para aumentar los activos del país.

siglo 18 y 19

El célebre economista del siglo XVIII Adam Smith, considerado por muchos como el padre de la bienes moderna, igualmente hizo una contribución significativa a la medición y registro del crecimiento crematístico.

Smith creía que solo el comercio, la manufactura, el trabajo y los frutos de la tierra deberían tenerse en cuenta en el ingreso doméstico. En cuanto al consumición doméstico, Smith argumentó que todo lo que la concurrencia consume y gasta debe ser valorado.

Primaveras más tarde, Adam Smith argumentó que solo aquellos que participaban en la producción de riqueza, trabajaban en el campo o en las fábricas debían ser contados en el ingreso doméstico. Todo esto significó que los servicios fueran excluidos del ingreso doméstico.

No debe olvidarse que Smith igualmente afirmó que la riqueza de una nación consistía en activos materiales de los que se restaba la deuda del país.

Curiosamente, en el siglo XIX otro destacado economista, Alfred Marshall, no estaba de acuerdo con Adam Smith. Marshall distinguió entre riqueza tangible e intangible y argumentó, luego, que los servicios deberían formar parte de la renta doméstico.

Mientras tanto, a medida que avanzaba el siglo XIX, en Europa y América del Ártico, las matemáticas, la estadística y la macroeconomía se tomaron como herramientas para desarrollar las primeras estadísticas y registros a nivel doméstico.

Y finalmente, el PIB.

El mundo sufrió con toda su dureza los estragos del derrumbe del 29 y la Gran Depresión. El presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, buscaba una forma de cuantificar el daño sufrido por la bienes estadounidense.

Así, el presidente de Estados Unidos encomendó un encargo titánico al economista Simon Kuznets, quien en ese momento impartía clases en universidades como la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, John Hopkins y la Universidad de Harvard.

De esta forma, Kuznets y los suyos viajaron por Estados Unidos recopilando datos sobre los gastos, la producción y el consumo de las empresas norteamericanas. Agregaban el valía de lo obtenido en las distintas etapas de la producción y en 1934 el PIB, o Producto Interno Bruto, ya era una sinceridad.

Con el inicio de la hostilidades mundial entre 1939 y 1945, se consolidó el PIB, como indicador de producción, ya que era necesario conocer la cantidad de material belicoso producido y no aspectos como el bienestar social, la prosperidad o la distribución de la misma. riqueza. .

Adicionalmente, tras la hostilidades, el PIB acabó convirtiéndose en el gran indicador crematístico de relato, estandarizado a nivel internacional y utilizado en instituciones internacionales como la ONU.



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