Ejemplos de profesionales que dejaron su empresa para desarrollar su propio negocio


Los líderes de las empresas tecnológicas han tenido la oportunidad de conocer de primera mano las ineficiencias de su mercado o sector desde un punto de vista privilegiado. Pero, ¿qué impulsa a un alto ejecutivo de una gran empresa a renunciar a la comodidad de un buen sueldo para montar su propia empresa? Esta pregunta la hicimos a cuatro ex ejecutivos y nos contaron sus experiencias.

Pero antes de conocerlos y valorar sus consejos, dos datos nos ayudan a poner en perspectiva este fenómeno: El primero es que el emprendedor es cada vez más maduro, y el segundo es que, según los estudios sobre emprendimiento desde la oportunidad, más del 50% lo hace por búsqueda de independencia (50,8%), muy por encima del deseo de mantener sus ingresos (32,4%) o igualarlos (10,7%). Una cosa completamente lógica para los altos ejecutivos, ya que en el cambio al emprendimiento sí o sí se embolsarán el dinero, al menos en los primeros años”.

David Castro Benito: fundador de la cervecería artesanal La Cibeles

David Castro Benito Decidió crear su propio proyecto y dejar el sector tecnológico porque vio que allí nadie se peinaba las canas y lo que quería era llegar a la edad de jubilación sin sorpresas. A los 38 montó una pequeña fábrica donde elaboraba la cerveza que llevaba años preparando para sus amigos en la olla de su madre y fundó La Cibeles.

Desde muy joven, David Castro fue uno de esos frikis de la informática que se pasaban el día trasteando en su habitación con el fantasma de 1,5 millones de pesetas de antes. Más que nada se dedicó a piratear juegos para luego vendérselos a El Rastro. Con el tiempo terminaría la FP2 en informática, pero antes su padre había puesto dos libros de texto sobre la mesa diciéndole: “Mira, David, esto es el futuro y estas cosas te gustan. Eso es lo que tienes que aprender. »

El primero en contratarlo fue el propio jefe de su padre. De ahí pasó a otras empresas, siempre coincidiendo con el salto tecnológico hacia el cliente final. Así tuvo la oportunidad de presenciar el nacimiento de internet, la telefonía móvil o las puntocom y residir en muchos países diferentes como jefe de proyecto.

Sin embargo, hasta el día de hoy, David Castro todavía cree que la capacidad de la tecnología para mejorar la vida de muchas personas es mágica. Pero él, personalmente, dejó que fuera agradable el día que sospechó que la puerta de salida estaba cerrada. “Era como estar en un barco que se hunde frente al puerto”, dice.

La baja valoración de la experiencia y el talento en el mercado laboral tecnológico en España le hizo temer que le quedaran algunos años para seguir en puestos relevantes con un buen salario. Así que, a sus 38 años, empezó a plantearse otra opción de vida en la que pudiera asumir su futuro profesional, sin mayores sobresaltos ni servidumbres.

La creación de una cervecería prevaleció sobre otras dos opciones que barajó inicialmente en base a sus aficiones: fundar una escuela de buceo o un negocio relacionado con la aviación. Finalmente decide fundar una marca de cerveza artesana, kilómetro cero y 100% madrileña, tanto que la bautiza con el nombre de su diosa, La Cibeles.

Fernando Gonzalo Martín, director convertido en emprendetech

Fernando Gonzalo Martín, CEO y Fundador de Suricatta

Su paso de la alta dirección al espíritu empresarial se debió más a su propio ciclo de vida que a la detección de una oportunidad.

“Siempre he trabajado en una multinacional hasta que consideré que después de haber estado en la más alta dirección a nivel internacional y con una gran capacidad de movilización comercial, podía intentar cambiar mi vida. Siempre me había preocupado poner algo en su lugar, y tampoco conocía a nadie que se hubiera retirado de Microsoft, lo que me dio una pista de que todos tenían una fecha de vencimiento. Tenía la posibilidad de tener un ciclo laboral de 6/8 años más a nivel de alta dirección, pero también pensé que no tendría las mismas ganas de empezar un proyecto a los 44 que a los 55. Así que vi la oportunidad y aproveché aprovechar la experiencia adquirida”.

Suricatta es una consultora TIC con dos líneas: formación, “que busca transformar trabajadores analógicos en trabajadores digitales”, y marketing y negocio, “especializada en planes de negocio para el sector tecnológico”. De las multinacionales reconoce que su modelo organizativo es mucho más eficiente que el de las pymes, sobre todo en el control de costes, pero a cambio critica la lentitud de muchos procesos. Veamos sus consejos.

Construya sus estándares. Ante la excesiva burocracia de las multinacionales donde es muy difícil pensar fuera de la caja, “cuando construyes tu propio proyecto tienes que diseñar todo tú mismo: valores, cultura, estrategias, relaciones con los stakeholders y adaptar el resto del equipo a estos pautas. Esto es sumamente positivo, pero requiere un trabajo adicional y genera incertidumbre”.

Fuerte control financiero y económico. “Trabajar en una multinacional te da una cultura de control financiero que no obtienes de otra manera. El modelo de gran empresa es infinitamente más eficiente que el de la pyme, las economías de escala y la inercia de una multinacional generan un círculo virtuoso que permite minimizar los gaps de negocio. Esto me ha venido muy bien para medir bien mis pasos”.

Miguel Arimont

Miguel Arimont, fundador y CEO de Lem Loan eMarket

“Si no hubiera sido por mi paso por la multinacional, nunca hubiera adquirido la experiencia necesaria para emprender y nunca hubiera detectado la ineficiencia del mercado que intento abastecer con Lem Loan. eMarket”, explica. . Miguel Arimont. Muchas nuevas empresas basadas en tecnología tienen éxito en modelos verticales que las grandes corporaciones no pueden atender. Estas ineficiencias rara vez pueden ser detectadas por alguien que no esté al día en el mercado.

Por lo que la posición del alto ejecutivo que quiere emprender puede ser fundamental. El caso de Lem Loan eMarket es un ejemplo. “Hubiera sido muy difícil para mí detectar esta ineficiencia si no hubiera estado involucrado en el sector o si no hubiera estado en contacto con fondos de inversión. Siempre había tenido ganas de emprender, pero no me sentía capacitado a nivel técnico. Conocía el sector en el que quería montar un negocio, pero no encontraba el modelo, así que me incorporé a Vica Real State.

Allí, comencé a subir la escalera para convertirme en responsable del desarrollo comercial de todo el grupo. Trabajábamos con fondos de inversión inmobiliarios y me di cuenta de que era una inversión que solo podía ser asumida por grandes grupos de inversores. Así nació la idea de hacerlos accesibles a inversores más modestos que pudieran disponer de 100.000€ para invertir en una propiedad de la que apenas obtenían beneficios. Era una alternativa que no existía y decidí que era en eso en lo que quería enfocarme.

Así nació Lem Loan eMarket, un mercado en línea para comprar y vender préstamos y deuda, en 2017, cuando no tenían la tecnología hasta mediados de 2018. “Reunimos a instituciones financieras, compradores e inversores. Como estamos familiarizados con los fondos de inversión, podemos incluir todas las carteras en un mercado. No somos una empresa financiera, lo que significa que no somos una fintech, pero tampoco somos una realtech en sentido estricto. Estamos a mitad de camino entre las dos categorías”.

Para emprender en este campo, “hay que ser flexible para reaccionar y adaptarse a los cambios del mercado. Y para ser ágil y dinámico en un mercado en constante cambio, hay que estar en constante evolución y no quedarse estancado en una idea o en un producto… En LEM Loan eMarket estamos trabajando actualmente en la segunda versión de la plataforma, próximamente semanas publicaremos actualizaciones que mejorarán nuestro rendimiento y no descartamos desarrollar una tercera versión».

Miguel Fernández Díaz

Miguel Fernández Díaz, CEO y Fundador de Innovation Strategies

Empezó una empresa cuando ni siquiera existía el apellido tech para nombrar estos modelos de negocio, empezó en EY y luego pasó a ITP. “Todo este ‘entrenamiento militar’ para las multinacionales lo hacía veinte horas al día y viajaba como un loco. Pero cuando llegó Internet, cambió por completo el paradigma. Me di cuenta de que había un «desequilibrio» entre la realidad de la tecnología y el conocimiento que tenían los usuarios y las empresas de la tecnología y entendí que había una oportunidad.

Lo que ahora se llama transformación digital ya estaba a la vista hace 20 años”. En 1997, “desde la multinacional donde yo estaba, veía una dinámica muy estancada basada en una tecnología muy lenta, muy cara y muy orientada a dominar el futuro. La digitalización que está ocurriendo ahora es lo que ya se podía hacer hace 20 años: prueba y error, ir más rápido, modificar modelos de valor, identificar las últimas tecnologías y probarlas rápidamente, tratando de obtener los máximos resultados. Así que decidimos transmitir estas ideas a las grandes empresas. Y nació Innovation Strategies.

Según él, empezar a trabajar en una multinacional conlleva un conocimiento profundo del funcionamiento de una gran empresa «y te permite ambicionar lo que puedes hacer, aprendes a entender la importancia de una cultura y crear un equipo humano con sentido propio”. Su consejo:

Prepárate para ser una banda de un solo hombre. “La multinacional tiene todo sobre procedimiento y protocolo. Es muy difícil salir de su campo de acción porque tienes mil ojos preocupados por no desviarte, pero a cambio también hay toda una estructura preparada para simplificar las cosas. Y el emprendedor debe hacer todo por sí mismo: buscar candidatos, realizar el control financiero, crear una cultura de equipo y definir su territorio. Así que si se equivoca, es culpa suya y es muy vertiginoso”.

Y asumir el cambio de estatus. “Hay un cambio de galaxia. Hay una diferencia abismal entre ser el subdirector global de marketing en una empresa multinacional y ser el CEO de una startup. Pasas de una etiqueta, de una imagen asociada a una marca conocida y prestigiosa, a no ser nadie y la gente que te perseguía ya ni te ve. De repente desapareces. Hay que empezar de cero y es una gran lección de humildad».