¿Cómo puedo sobrevivir a la inflación? | 2022


La inflación amenaza nuestra calidad de vida y nos hace cada vez más difícil venir a fin de mes. ¿Podemos sobrevivir? En este artículo te proponemos un plan de 10 puntos para conseguirlo.

1. Realizar un seguimiento de nuestros gastos e ingresos

Sobrevivir a la inflación básicamente significa beneficiarse al mayor su billete. Pero para ello, primero es fundamental retener cuánto gastamos. Por ello, es importante aceptar un registro de nuestros gastos y tenerlo siempre actualizado.

Asimismo, además es importante incluir los ingresos en este cálculo. Puede parecernos una obviedad, pero cuando analizamos nuestros gastos en sagacidad de lo que ganamos, lo hacemos desde otra perspectiva.

Por lo caudillo, es mejor amparar este registro mensualmente, aunque para algunas personas puede ser más práctico hacerlo semanalmente. En cualquier caso, debemos tener en cuenta que para ver los resultados de este prueba, debemos mantenerlo durante varios meses.

2. Distinguir entre tipos de gastos

Lo principal es distinguir entre nuestros gastos recurrentes (locación, luz, comida, etc.) y los que hacemos puntualmente. Este segundo clase podría incluir, por ejemplo, la reparación de una avería en el coche o un delirio de fin de semana.

Asimismo, además podemos repetir esta tarea con nuestros ingresos. Si tuviéramos un salario estable, lo incluiríamos en los ingresos recurrentes. Si parte de lo que ganamos varía de un mes a otro, debemos considerar ese billete como un ingreso único.

3. Establecer prioridades

Una vez que hemos clasificado nuestros gastos, debemos ordenarlos según su importancia. El resultado de este prueba suele variar de persona a persona, pero la idea es que nos permita distinguir entre micción básicas, gastos deseables pero innecesarios, y aquellos que no nos aportan valencia.

En la primera categoría podemos incluir gastos como el alojamiento o la electricidad. En el segundo, algunos pequeños lujos como salir a un restaurante son gastos que nos gustan, pero podemos prescindir de ellos. En el tercer turno, finalmente, tenemos los gastos que, por otra parte de superfluos, no explotamos. Por ejemplo, ser suscriptor de una plataforma de películas que nunca vemos.

Encima, es importante entender que a veces adentro de una categoría de pago podemos tener varias subcategorías. El caso más paradigmático es la nota de transacción en el supermercado, porque en principio es un requisito fundamental. Sin retención, no todo lo que compramos en el supermercado puede entrar en este clase. Podríamos comprar cosas imprescindibles, pero además otras que no lo son. Por lo tanto, es necesario aceptar este prueba de clasificación de gastos al más detención nivel de detalle.

4. Analiza cantidades e incrementos

Este prueba tiene dos partes. La primera es ordenar nuestros gastos e ingresos por coste. Empezando por los más importantes y terminando por los que menos impacto tienen en nuestras finanzas.

Hecho esto, viene la parte más difícil: descubrir las tendencias. La mejor forma de hacerlo es comparar el coste de cada pago o ingreso con periodos anteriores. A partir de ahí, podemos calcular cuánto ha aumentado cada concepto en los últimos 3, 6 o 12 meses.

Idealmente, podemos realizar este cálculo de dos formas, tanto en términos absolutos (la cantidad de billete que representa el aumento) como en términos relativos (como un porcentaje de la cantidad de nuestro primer registro histórico). De esta forma podemos tener una visibilidad más completa sobre nuestra situación financiera.

Por ejemplo, podemos aventajar más de lo que gastamos, pero si nuestros gastos crecen un 10% y nuestros ingresos un 5%, las cifras nos dicen que debemos llevar a cabo porque tarde o temprano tendremos endeudamiento. Sin retención, además es importante ver el impacto en términos absolutos, porque algunos gastos pueden aumentar rápidamente en términos porcentuales, pero son pequeños. Otros, en cambio, pueden crecer más lentamente, pero tienen un veterano impacto en nuestras finanzas, ya que son más pesados.

5. Establece máximos para cada pago

Este es probablemente el paso más difícil de todos. Consiste en poner un «techo» de pago a cada concepto, que sería la cantidad máxima que le podríamos asignar. Sin retención, como hemos mencionado, podemos contraponer muchas dificultades cuando hacemos esto.

El primero de ellos es que es inverosímil predecir con certeza la crecimiento de los precios. Encima, algunos gastos (como la comida) están relacionados con micción que pueden variar de un mes a otro, lo que los hace relativamente «impredecibles».

Sin retención, no todo son malas noticiario. Principalmente porque no se negociación de gastos puntuales, sino de gastos recurrentes. Y muchos de estos gastos, como enriquecer el locación o el préstamo, suelen ser poco más predecibles.

Lógicamente, lo ideal sería que cada mes pudiéramos alcanzar la meta de no exceder el mayor que tenemos destinado en ningún de nuestros gastos. Sin retención, esto no siempre es posible. Y es precisamente en esos casos en los que veterano beneficio sacamos de habernos fijado estos objetivos.

El motivo es que, habiendo priorizado previamente los gastos, podemos intentar compensar los excesos de los gastos con veterano prioridad con recortaduras a los menos importantes. Por ejemplo, si vemos que gastamos más de lo que deberíamos deber desgastado este mes en la transacción de comestibles, podríamos posponer otros gastos como ir al cine hasta el próximo mes.

6. Revisa cada pago

Este es, sin duda, uno de los pasos más importantes que debemos dar para sobrevivir a la inflación. Por lo tanto, muchas personas lo colocarían primero. Sin retención, es mejor hacer esto luego de deber cuantificado y priorizado todos nuestros gastos.

El objetivo aquí es repensar la condición de cada pago, especialmente los recurrentes y los últimos de nuestra registro de prioridades. Si se cumplen ambas condiciones, habremos identificado un pago que podríamos recortar.

En cualquier caso, es importante no perder nunca de sagacidad las cantidades. Podemos recortar muchos gastos menores, pero la cantidad total de lo que terminamos ahorrando es importante. Por el contrario, si eso no fuera suficiente, tal vez deberíamos ir un poco más en lo alto en nuestra registro y revisar algunos gastos prioritarios.

Otra cosa a tener en cuenta es que recortar un pago no significa necesariamente eliminarlo. A veces, existen alternativas para disminuir lo que gastamos manteniendo poco de lo que queremos disfrutar. Por ejemplo, salir a yantar menos, descabalgar el nivel de servicio de nuestras suscripciones o comprar marcas más baratas en el supermercado.

7. Vincula ingresos y gastos

Este prueba se divide en dos partes. La primera es comparar la cantidad total de billete que hemos yeguada con lo que hemos desgastado. Sin retención, hacer esto no es suficiente para conocer la situación positivo de nuestras finanzas.

La segunda parte nos obliga a entrar en más detalle y comparar nuestros ingresos y gastos por categoría, entre recurrentes y puntuales. Aquí, la regla de oro es financiar nuestros gastos recurrentes con ingresos que además sean recurrentes. La anualidad puntual, en cambio, sólo podía ser utilizada para el plazo de cualquier pago, sin recurrencia alguna.

De esta forma, si estamos considerando decisiones extraordinarias como usar parte de nuestros ahorros o traicionar nuestro automóvil, solo debemos usar ese billete para cualquier pago, como atención médica o trabajo en casa.

Sin retención, a veces es necesario que tengamos que utilizar nuestros ahorros para proceder un tiempo. Para ello, debemos suceder al posterior punto de nuestro plan.

8. Ten un plan de contingencia

Como se ha dicho, nadie está exento del aventura de encontrarse privado inesperadamente de sus fuentes de ingresos o de tener que hacer frente a gastos excepcionales. Para ello, es importante que previamente hayamos minucioso un plan de recital en caso de que esto ocurra.

Un primer paso podría ser tomar como cojín nuestros gastos mensuales, compararlos con nuestros ahorros y, a partir de ahí, calcular cuánto tiempo podríamos proceder allí si perdiéramos nuestros ingresos. El objetivo puede variar de persona a persona, pero es deseable que podamos mantenernos por lo menos unos meses con estos medios.

Otro aspecto a tener en cuenta es la planificación de gastos que podríamos eliminar si nos viéramos en esa situación. Por ejemplo, es posible que ahora podamos enriquecer una suscripción a una plataforma de películas, pero podemos liquidar la suscripción en un marco de emergencia.

Asimismo debemos considerar la solvencia de nuestros activos: la facilidad con la que podemos disponer de ellos cuando los necesitemos. El billete en efectivo o en una cuenta corriente es su mejor opción, pero si estamos planeando traicionar una propiedad o recuperar un depósito, recuerde que probablemente no podamos obtener el billete de inmediato.

Diseñar un plan de contingencia es difícil cuando hay inflación, porque prever nuestros gastos a futuro es complicado. Por ello es importante ser muy cautos a la hora de elaborar nuestro plan, ya que aquí es preferible pecar por prudencia que por defecto.

9. Ten un plan de hucha

De la misma forma que hemos creado un plan de contingencia, además deberíamos tener uno para nuestros ahorros. En pocas palabras, se negociación de establecer una meta de billete reducido que debemos esforzarnos por economizar cada mes. Podemos establecer este objetivo en términos absolutos o como un porcentaje de nuestros ingresos.

El objetivo puede variar de persona a persona, ya que depende de la situación de cada persona. Pero incluso para aquellos que no pueden economizar mucho, es una buena idea planificar con anticipación. Es afirmar, si sus ingresos aumentan, pueden comprometerse a economizar parte de ellos.

Como se mencionó, no existe un nivel magnífico de hucha, pero podemos usar dos variables como narración. Uno de estos es la inflación, que devalúa nuestros activos. En este caso, si hay una inflación del 5% anual, podemos ponernos como meta que nuestros ahorros crezcan al menos al mismo ritmo.

La otra variable son los posibles gastos que hemos tenido en los últimos meses. Si hemos tenido gastos extraordinarios, es recomendable hacer un plan de hucha para reponer ese billete en los próximos meses.

En publicaciones anteriores, hemos compartido algunos consejos sobre cómo economizar y proteger nuestro billete en escenarios de suscripción inflación.

10. Compras Anticipadas

Uno de los mercancía de la inflación es hacer que el consumo futuro sea más caro que el consumo flagrante. Por lo tanto, nuestros ahorros valdrán cada vez menos con el tiempo.

Para contrarrestar este finalidad, podemos beneficiarse ofertas y compras anticipadas que evitan gastos futuros. Lógicamente, esto es más viable con los caudal de consumo duradero (electrodomésticos, automóviles, etc.), pero además podemos hacerlo con otros, incluidos algunos alimentos. Es el caso, por ejemplo, de la carne o el pescado (que se pueden congelar), los alimentos no perecederos y las conservas.

En compendio, podemos afirmar que sobrevivir a la inflación no es tarea viable para nadie y no existen recetas mágicas para ello. Casi todas las soluciones requieren algún tipo de sacrificio, pero siguiendo los pasos que hemos descrito, al menos podemos minimizar el impacto. Por ello, animamos a nuestros lectores a aplicar nuestros consejos y comentar sus experiencias.



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