Curiosidades de los impuestos a través de su historia


Declaraciones de impuestos, IVA, impuesto de sociedades… Hoy en día son muchos los diferentes impuestos que tienen que abonar las empresas y los ciudadanos. De hecho, los impuestos se ven como de costumbre. Sin confiscación, sería oportuno rememorar cuáles son los orígenes de esta verdad cotidiana.

La falta del hombre de organizarse y habitar en sociedad se encuentra en la origen de los impuestos. Ya en el antiguo Egipto, hace carencia más y carencia menos que 5.000 primaveras, los gobernantes recaudaban impuestos de sus súbditos a cambio de prestar una serie de servicios públicos.

En cualquier caso, los impuestos siempre han sido objeto de debate y controversia. Algunos han provocado más que protestas, porque han provocado disturbios y guerras. Tomemos como ejemplo el aumento de impuestos del gobierno sajón sobre las Trece Colonias en el siglo XVIII. Tener que abonar impuestos y no tener representación parlamentaria acabaría siendo una de las grandes causas de la pleito de independencia de Estados Unidos.

Pues perfectamente, para conocer el origen de los impuestos, su progreso a través de las grandes civilizaciones y los impuestos más inesperados, en Economipedia te invitamos a hacer un alucinación por la historia.

Grecia

Ya en la península helénica surgieron las primeras ciudades-estado y con ello una de las primeras civilizaciones en cobrar impuestos a sus ciudadanos. Por otra parte, en la antigua Grecia, sólo se consideraba ciudadanos a quienes contribuían al sostenimiento de los gastos sociales con sus propios fortuna.

Siquiera debemos olvidar que los griegos fueron una de las civilizaciones más importantes en el comercio. Así, esta actividad económica acabó convirtiéndose en una fuente de ingresos públicos, pues se establecieron costumbres.

Si perfectamente es cierto que la mayoría de los ingresos del gobierno provino de aportes de fortuna raíces, esto no fue suficiente para cubrir todos los gastos del gobierno. Se requirieron obras públicas, se pagaron eventos religiosos, se pagaron celebraciones navideñas y se mantuvieron limpias las calles. Luego los griegos establecieron impuestos indirectos que pesaban sobre el consumo de los hogares.

Del mismo modo, poco muy similar a lo que puede ser hoy el Fisco igualmente está surgiendo en Grecia. Es el caso de la Gobierno de Delos, que acabó desplazándose a Atenas. Inicialmente, esta Gobierno estaba a cargo de cobrar ingresos para financiar un ejército y una armada. Sin confiscación, con el tiempo igualmente ha recaudado impuestos para financiar construcciones icónicas como el Partenón.

El Estado no sólo recaudaba los ingresos públicos, sino que igualmente ejercía una función de distribución de la riqueza. En este sentido, los ciudadanos más acaudalados, cuando asistían a determinados actos festivos, debían realizar una aporte. Esto, para que hasta los más desfavorecidos pudieran asistir a los espectáculos.

La naturaleza de los impuestos es de contrapartida, es sostener, se paga una determinada suma al Estado a cambio de una serie de beneficios públicos. Así, en Grecia, los ingresos públicos servían para financiar la sanidad y la educación, por lo que los salarios de los médicos y profesores los cubría el Estado.

Roma

Sin duda, la filial romana destaca por el importante papel de su Hacienda Pública. Precisamente en este sentido cerca de subrayar el papel de los Cuestores, que jugaron un papel fundamental en la cobro de impuestos.

Las famosas legiones romanas recogieron numerosas victorias y con ellas creció el región controlado por Roma, lo que permitió a sus finanzas obtener importantes ingresos gracias a la renta de las tierras conquistadas y igualmente gracias al saqueo de pleito.

Entre los impuestos más importantes de la civilización romana se encuentran los impuestos territoriales, que dependían de la valoración de las propiedades. Asimismo destacan los portazgos, que eran impuestos que permitían el camino a determinadas ciudades o los pontazgos, que una vez pagados daban derecho a cruzar un puente. La cesión y independencia de esclavos igualmente estaba sujeta al cuota de impuestos.

Si hay un engendro que caracteriza a la Perduración Media es el feudalismo. A través del servilismo, los campesinos obtenían protección a cambio de la prestación de una serie de servicios (militares, mantenimiento de fortalezas, etc.) y del cuota de unas rentas que normalmente se pagaban en especie (por ejemplo, una parte de la cosecha).

Los derechos de nobles y reyes, sin confiscación, iban más allá de la agricultura, ya que quienes realizaban actividades comerciales y artesanales debían abonar las llamadas regalías.

Como indicábamos anteriormente, los impuestos podían provocar revueltas y guerras, por lo que, en ocasiones, los monarcas consultaban a sus súbditos para establecer un impuesto.

El origen del presupuesto sabido y la antigüedad moderna

Las fuertes cargas fiscales que tuvo que soportar Castilla durante el reinado de Carlos I fueron una de las grandes causas que motivaron la sublevación de los comuneros.

Fue aquí donde surgieron las Cortes, en las que estaban representadas las distintas ciudades. A través de las Cortes, el pueblo podía oponerse a la institución de los impuestos. Los monarcas y las Cortes, de hecho, mantuvieron fuertes disputas y fue necesario conservarse a acuerdos. Para hacer posible un consenso, estos acuerdos se han materializado en documentos escritos que están en el origen de lo que hoy conocemos como presupuesto sabido. A través de estos documentos se reflejaban las previsiones de gastos e ingresos del Estado.

Sin confiscación, los impuestos directos parecían estar limitados principalmente a los impuestos sobre la tierra. Esto hizo que los impuestos directos fueran una fuente insuficiente de ingresos. Para ello se establecieron nuevos impuestos indirectos y se creó el papel timbrado, que se pagaba mediante documentos oficiales. Asimismo se gravaron el tabaco, la sal, el plomo y las loterías.

Los impuestos más extraños de la historia

No abonar impuestos en el antiguo Egipto era poco que podía significar enfrentarse a la tortura o incluso a la asesinato. Para ello, los egipcios disponían de un gran cuerpo de escribas encargados de controlar el cuota de los impuestos. Es particularmente sorprendente que en el antiguo Egipto estaba prohibido reciclar el unto. Y es que el faraón tenía el monopolio del comercio del petróleo, por lo que todos los súbditos tenían el deber de coger el unto del monarca. En caso de ser sorprendidos reciclando el unto, debían abonar el impuesto correspondiente.

Como ya hemos señalado, los impuestos estaban muy presentes en la sociedad romana. Es estrafalario que la orina, utilizada en actividades de lavado para blanquear y igualmente para curtir pieles, estuviera sujeta a impuestos. Por lo tanto, el emperador Vespasiano decidió instituir un impuesto sobre la orina.

Poco tan mundano como transigir barba se convirtió en una fuente de ingresos públicos para monarcas como Enrique VIII de Inglaterra y Pedro I de Rusia. En el caso del monarca inglés, la barba iba a ser parecido de distinción y posición social, mientras que Pedro I de Rusia (con un impuesto de 100 rublos anuales) pretendía cambiar la apariencia de sus súbditos, para que su estética se asemejara la de los hombres de Europa occidental.

La historia no deja de sorprendernos y ya en 1696 se introdujo en Gran Bretaña un impuesto por ocurrir un cierto número de ventanas. Por lo tanto, cuanto veterano sea el número de ventanas, veterano será el monto del impuesto a abonar. Delante esa situación, muchos han optado por tapar las ventanas. La mala ventilación en muchos hogares británicos fue desastrosa y facilitó la propagación del tifus y el cólera. Finalmente, alrededor de 1851, se eliminó esta absurda medida fiscal.

Ahora perfectamente, la particularidad de algunos impuestos no se limita a un pasado pasado. Para ello, baste con echar un vistazo hace tan pronto como unos primaveras, cuando algunos países de la Unión Europea introdujeron un impuesto sobre las flatulencias emitidas por las vacas. Según los estudios, el metano descocado por el gas de vaquilla tiene un huella muy dañino sobre el calentamiento entero. Por este concepto, el hacienda danés asciende a 110 dólares por las flatulencias que emite cada vaquilla.



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